Los poetas se mueren de hambre
Los poetas se mueren de hambre. Pellizcos de avispas, oscuras y vacías tripas. El más insólito enjambre. Famélicos poetas, ante el inhóspito y frío folio en blanco. Aventureros buscadores de palabras que intentan saciar el alma. Con una rima, aunque no sea brillante. Aunque sea una rima barata. Una palabra. Bienvenida será la primera palabra si viene para que las demás le sigan. Para que todas construyan. Para que un todo, juntas, digan. Los poetas se mueren de hambre. Se alimentan de versos que son migajas del alma. Que a veces saben a todo, Que a veces saben a nada.